No cabe duda que este Israel de post guerra, al igual que hace 5000 años, necesita un nuevo comienzo y un verdadero líder como Moisés que sea capaz de conducirnos hacia la paz.
Ehud Olmert -Primer Ministro israelí- ha demostrado que no es ese líder y ya en Israel se alzan voces para que deje su cargo. Entre medio de un debate muy amargo, las críticas más ácidas -que no cuestionan el derecho de Israel a defenderse- advierten que la incursión en el Líbano sólo ha servido a los intereses de los que quieren ver a Israel fuera del mapa. Que al cabo de un mes, luego de sepultar a 120 israelíes, de mantener a un millón de personas en los refugios, de no traer a casa a los soldados secuestrados, de dejar la imagen del Tzahal por el suelo y la figura de un Hezbolah fortalecido, el futuro no se ve muy promisorio.
Porque una nueva resolución de la ONU -tan corta como ambigüa- no asegura que no sea nuevamente alterada la tan efímera Paz. Si no pregúntese: ¿Cuántos alto al fuego se han establecido en el Medio Oriente?. Así es que hoy, al igual que ayer, el pueblo judío está a merced de un nuevo Faraón. La diferencia es que ésta vez se trata de un Faraón "que nada en el mar del pueblo", que habita en cualquier rincón y que aparece en cualquier momento, esclavizando incluso al mundo no judío.
De no mirar de frente la realidad, de no conocer y entender mejor las raíces del problema, de no dejar la indiferencia, avalaremos la presencia de este omnipotente Faraón del cual, lamentablemente, no seremos liberados muy pronto.
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Libéranos: De la película "El Principe de Egipto", con la interpretación de Ofra Haza.



